La UNAL, sede Bogotá, avanza en la construcción de su primer Plan de Acción de Género, una hoja de ruta que permitirá llevar a la práctica la Política de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades. En esta entrevista, Nancy Prada, coordinadora del Proyecto, explica cómo se desarrolla este proceso participativo, los principales hallazgos sobre las brechas de género en la Universidad y los retos para consolidar acciones que promuevan una comunidad más equitativa, diversa y libre de violencias.
EN PLURAL (EP): ¿Qué es el Plan de Acción de Género y por qué era necesario construirlo?
NANCY PRADA (NP): La Universidad Nacional cuenta desde el 2012 con una Política de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades, establecida mediante el Acuerdo 035 del Consejo Superior Universitario. Sin embargo, durante todos estos años esa política no había tenido un plan de acción que la llevara a la práctica.
Una política define los lineamientos generales, pero un plan de acción traduce esos principios en acciones concretas, con metas, indicadores, responsables, recursos y mecanismos de seguimiento. Sin ese instrumento, los avances dependían de iniciativas aisladas, con desarrollos desiguales entre sedes y facultades, sin posibilidad de evaluar su impacto.
Por eso, desde 2025 la Sede Bogotá emprendió la construcción del primer Plan de Acción de Género, cuyo propósito es que al finalizar 2026 exista una hoja de ruta clara para implementar la política y garantizar su seguimiento.
EP: ¿Cómo comenzó todo este proceso de construcción del Plan de Acción?
NP: Antes de iniciar el diseño del plan realizamos un proceso de alistamiento. Construimos un diagnóstico sobre la situación de género en la sede, desarrollamos jornadas de preconsulta y diseñamos una metodología basada en la participación de toda la comunidad universitaria.
Para nosotros era fundamental que el plan no fuera elaborado únicamente desde una oficina. Si la comunidad no participa en su construcción, difícilmente se comprometerá con su implementación. Por eso, este proceso se está construyendo desde las voces de estudiantes, docentes, personal administrativo y, próximamente, personas trabajadoras tercerizadas.
EP: ¿Este trabajo parte de cero o cuál es la historia que tiene detrás, qué otros avances se habían hecho anteriormente?
NP: No. Este proceso recoge muchos años de trabajo de la Universidad.
Existen antecedentes importantes desarrollados con apoyo de cooperación internacional; la creación del Observatorio de Asuntos de Género; el protocolo para la atención de violencias basadas en género, recientemente actualizado; y el diagnóstico realizado en 2023 sobre iniciativas de equidad de género, que incluso produjo un primer borrador de plan enfocado en violencias. Todo ese conocimiento acumulado alimenta el proceso actual.
EP: Cuando hablamos de equidad de género, muchas personas piensan únicamente en las violencias. ¿Qué otros aspectos contempla la política?
NP: La política tiene tres dimensiones fundamentales:
Cuando hablamos de equidad de género hablamos de esas tres dimensiones: redistribuir, reconocer y transformar las situaciones de violencia.
EP: ¿Cómo se ha garantizado que la construcción del plan sea realmente participativa?
NP: Durante el primer semestre realizamos un amplio proceso de consulta.
Tuvimos encuentros virtuales y presenciales diferenciados por estamentos: estudiantes y personas egresadas, docentes y personal administrativo. En esos espacios presentamos los resultados del diagnóstico sobre brechas de género y construimos propuestas junto con la comunidad.
También desarrollamos mesas temáticas sobre género y racismo, género y clasismo, género y heteronormatividad y género y capacitismo, porque entendemos que las desigualdades no actúan de manera aislada. En total realizamos 15 espacios de consulta, además de mantener abierto un formulario mediante código QR para recibir propuestas de toda la comunidad.
A esto se suma una estrategia permanente de comunicaciones con actividades como Feminismos a la Plaza, mesas itinerantes y jornadas de narrativas feministas que incorporan el teatro, la música, la poesía y la cuentería para reflexionar sobre las brechas de género. La invitación sigue abierta para que colectivos, grupos culturales y personas que trabajan estos temas desde las artes se vinculen a esta programación.
EP: También se abrió una convocatoria para proyectos estudiantiles. ¿Cuál era el propósito?
NP: Queríamos que la comunidad no solo opinara sobre el plan, sino que también pudiera proponer soluciones. Lanzamos una convocatoria de proyectos estudiantiles relacionados con la equidad de género. Cada iniciativa puede recibir hasta cinco millones de pesos (5.000.000 COP), además de acompañamiento técnico durante cuatro meses para desarrollar un proyecto piloto.
Recibimos diez propuestas provenientes de distintas facultades y esperamos poder apoyarlas todas. La idea es que estas experiencias permitan probar soluciones que, si funcionan, puedan incorporarse posteriormente al Plan de Acción.
EP: ¿Qué muestran los diagnósticos sobre las brechas de género en la Sede Bogotá?
NP: Los datos evidencian desigualdades importantes, por ejemplo:
Además, existen vacíos importantes de información. La Universidad todavía no cuenta con datos suficientes para conocer, por ejemplo, cuántas personas pertenecientes a pueblos étnicos, comunidades racializadas o sectores LGBTIQ+ hacen parte de la sede, especialmente cuando estas personas ingresan por mecanismos distintos a las admisiones especiales. Sin esa información es mucho más difícil diseñar acciones específicas para responder a sus necesidades.
EP: ¿Qué panorama muestran las cifras sobre violencias basadas en género?
NP: Entre 2017 y 2024 se registraron 1.156 activaciones de la ruta de atención para violencias basadas en género en la Sede Bogotá. Sabemos que existe un subregistro porque no todas las personas denuncian. Sin embargo, las cifras muestran una tendencia clara: el 84 % de las víctimas son mujeres y el 73 % de los presuntos agresores son hombres. Estos datos evidencian que las violencias siguen siendo un desafío prioritario y que es indispensable fortalecer las acciones de prevención, atención y transformación cultural.
EP: ¿Qué aprendizajes han dejado hasta ahora los espacios de diálogo con la comunidad?
NP: Lo primero es que existe una necesidad muy grande de hablar sobre estos temas. En todos los espacios aparece una preocupación compartida por construir una universidad más segura, con más mujeres docentes, mejores condiciones para las estudiantes en facultades históricamente masculinizadas y mayores oportunidades para todas las personas.
También ha quedado claro que las desigualdades de género siempre se cruzan con otros factores como la raza, la discapacidad, la orientación sexual, la identidad de género o la situación socioeconómica. Por eso el plan debe responder a esas realidades diversas. Hemos entendido que estas problemáticas afectan a todos los estamentos: estudiantes, docentes, personal administrativo y también personas trabajadoras tercerizadas, con quienes realizaremos un espacio específico de consulta para incorporar sus experiencias.
EP: ¿Cuáles son los principales retos para que este plan tenga éxito?
NP: El reto más importante es la voluntad institucional y colectiva. La comunidad universitaria lleva muchos años reclamando este proceso y esa necesidad compartida ha permitido que continúe, incluso en medio de los cambios administrativos que ha vivido la Universidad.
Este año contamos con un equipo técnico, recursos y una metodología que nos permitirán terminar 2026 con un Plan de Acción diseñado. Será un plan con tres horizontes temporales: acciones detalladas para 2027, una proyección para el siguiente plan de acción de la sede entre 2028 y 2030, y lineamientos estratégicos articulados con la planeación institucional hasta 2034. La implementación dependerá de que la Universidad mantenga el compromiso político, financiero y administrativo para convertir este trabajo colectivo en transformaciones reales.
Además, este proceso tiene una gobernanza participativa. El liderazgo recae en el Comité de Asuntos de Género de la Sede Bogotá, donde participan directivas, representantes estudiantiles, docentes, personal administrativo y sindicatos. A ello se suma el acompañamiento académico de la Escuela de Estudios de Género y un equipo técnico interdisciplinario encargado de desarrollar todas las acciones del plan. Ese carácter colectivo es precisamente una de las mayores fortalezas del proceso y una garantía para su continuidad.
Redactó: Carolina Crosby Jiménez.